Uno de los errores que más a menudo cometemos todos en la interacción, en el diálogo con nuestros semejantes, es que tenemos la creencia de que hay que complacer a los demás en todo. Salvo excepciones y desde un punto de vista egoísta, estamos convencidos de que si a los otros les damos lo que quieren nos evitamos problemas, demasiados hay en nuestra vida para crearnos nuevos, vivimos tan rápido, interaccionamos tanto, parecido a estar viendo fases de mi vida pasando frente a mí en una especie de visiones en secuencias seguidas y rápidas, para captar más, para saber más, para estar a la última, para…. , para nada. Obramos así, pues nos lo dicta nuestra mente, convencida por la falsa creencia de que cuanto más sepamos, menos nos humillaran, más listos e inteligentes seremos, es decir, seremos más felices.

No caemos en la cuenta de que no es cuestión de dar el “si” siempre que se nos pida, que a veces es bueno discutir, cambiar pareceres, ser nosotros, aceptando nuestros defectos y no importa si los demás los captan, te pueden aparentemente mirar un poco desde arriba, pero en esta vida no es lo que se aparenta, porque todo “calla”, todo va hacia el interior y si ven defectos, ven contrariedades, ven cosas que ellos mismos cometen, eso acerca, eso engloba afinidad y esa afinidad una persona experta (cuanto más años más experta) lo capta, capta esa química que le transmite el que tiene enfrente y eso hace que se sienta uno reconfortado.

Quiero no dar lugar a malos entendidos yo mismo, ni dar la idea de que hay que actuar siempre sin dar complacencia a nuestros semejantes, verdad es que es entendible el hecho de tratar de complacer a los demás, es más, hay que tratar de hacerlo cotidianamente, sin que nos cueste, lo que no estoy a favor de ese ser humano apabullado, acomplejado, con demasiados problemas para crearse otros nuevos, que les da a los demás la razón porque no le gusta discutir, porque él mismo no se considera capaz de “ganar” en una disputa. Esta conducta no es buena ni para él, ni para los demás, en las discusiones no se gana, ni se pierde, cada uno expresa su opinión y te puedes retirar, porque no tienes en ese momento ganas de entablar batalla, pero dejando clara tu posición, no esperas convencer al contrario, solo deseas que él se entere de que no tenéis la misma opinión.

Psicologo en Toledo Manuel R.

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Psicólogo Riesco M

Psicólogo Colegiado en el colegio oficial de Castilla la Mancha Nº de colegiado: CM-2230

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